jueves, 1 de mayo de 2025

Perdón

 

Fue un tiempo en que sin nombre

Se celebraba en el mundo el sacrificio fecundo

De la redención del hombre

En que se ignoraba el bien que la humanidad lograba

Y en el que el Dios Hombre vagaba en torno Jerusalén.

Un día en el que el redentor, cerca a la ciudad andando

Y cual siempre predicando la caridad y el amor,

Sordo rumor popular sus oídos llegó a herir,

Cual siempre llega a rugir entre sus antros el mar.

 

Una mujer acosada, por la turba perseguida,

La vista desvanecida, la cabeza ensangrentada,

Llegó a postrarse al Señor.

¡Pobre entre tanto enemigo, buscando amparo

Y abrigo a los pies del redentor!

- ¿Qué hacéis, por qué intentáis castigar a esta mujer?

  ¿Cuán grave su culpa fue cuándo así la amenazáis?

 

Miró Jesús a la impía, alzó los ojos al cielo,

Cogió una piedra del suelo que cerca de sí tenía

Y dijo calmando la tempestad con su acento:

 

-       Dad le el castigo al momento que ella presiente temblando.

La justicia de la tierra cumplid aunque es implacable.

¡Que el impecable tire la primera piedra!

 

Los ojos no se miraron, los brazos no se movieron,

Todas las bocas callaron, todas las piedra cayeron.

 

Alzó la mujer la cien, la turba se desbandó

Y Jesucristo siguió su marcha a Jerusalén.

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