domingo, 11 de mayo de 2025

A mi madre









Luz que ilumina mi senda

Desde mi cuna a mi tumba

Abeja de oro que zumba

Néctar buscando en la flor

 

Divina miel que del cielo

El mismo Dios nos mandara

Y que en su nombre endulzara

De toda vida el dolor

 

Todas las madres ya vienen

Desde el cielo modeladas

Son bendiciones enviadas

Por la diestra del creador

 

Por eso siempre las vemos

Sin descanso y sin desmayo

Luchar hasta con un rayo

Por sus hijos con fervor

 

En este grandioso día

A los que hoy su madre llora

Y a los que con ella oran

Como junto fruto y flor

 

Les envío cual sensitiva

Mis especiales ofertas

Mil flores para las muertas

Mil besos para las vivas

 

Cristóbal Narváez Montes

jueves, 1 de mayo de 2025

Perdón

 

Fue un tiempo en que sin nombre

Se celebraba en el mundo el sacrificio fecundo

De la redención del hombre

En que se ignoraba el bien que la humanidad lograba

Y en el que el Dios Hombre vagaba en torno Jerusalén.

Un día en el que el redentor, cerca a la ciudad andando

Y cual siempre predicando la caridad y el amor,

Sordo rumor popular sus oídos llegó a herir,

Cual siempre llega a rugir entre sus antros el mar.

 

Una mujer acosada, por la turba perseguida,

La vista desvanecida, la cabeza ensangrentada,

Llegó a postrarse al Señor.

¡Pobre entre tanto enemigo, buscando amparo

Y abrigo a los pies del redentor!

- ¿Qué hacéis, por qué intentáis castigar a esta mujer?

  ¿Cuán grave su culpa fue cuándo así la amenazáis?

 

Miró Jesús a la impía, alzó los ojos al cielo,

Cogió una piedra del suelo que cerca de sí tenía

Y dijo calmando la tempestad con su acento:

 

-       Dad le el castigo al momento que ella presiente temblando.

La justicia de la tierra cumplid aunque es implacable.

¡Que el impecable tire la primera piedra!

 

Los ojos no se miraron, los brazos no se movieron,

Todas las bocas callaron, todas las piedra cayeron.

 

Alzó la mujer la cien, la turba se desbandó

Y Jesucristo siguió su marcha a Jerusalén.

Map